jueves, 28 de agosto de 2014

La Tetrarquía

Guerra, peste, invasiones, rebeliones, decadencia económica esta fue la tónica habitual en el Imperio desde la muerte de Alejandro Severo en el 235. Ya se podía vislumbrar algo durante el imperio del emperador Marco Aurelio, que tuvo que combatir a los partos, soportar la peste antonina (que diezmó literalmente a la población del Imperio) y también combatir a las invasiones de los marcomanos y cuados. Con estos antecedentes y tras la muerte Alejandro Severo el imperio entró en una espiral de violencia inusitada. A lo largo de todo ese siglo casi treinta emperadores se repartieron el gobierno y falleciendo solo uno de muerte natural. El Imperio iba camino de su autodestrucción hasta que surgió una figura trascendental: Diocleciano.

Diocleciano llegó al poder gracias al apoyo de sus tropas, pero este era de otra pasta y no se dejó caer, de origen ilirio, emprendería una serie de reformas que darían oxígeno al imperio para aguantar dos siglos más en Occidente y un milenio más en Oriente. Sabedor que en cualquier momento cualquier general se podía proclamar emperador repartió el poder. A otro general de nombre Maximiano lo proclamó Augusto y le dio la mitad del Imperio. A su vez nombró un César (Galerio) y obligó a Maximiano a hacer lo mismo (Constancio Cloro). Cada uno se quedó con una parte del Imperio que tenía la obligación de defender, a su vez los augustos gobernaban de forma conjunta y legislaban igual. El reparto se hizo de la siguiente manera: Diocleciano Oriente, Galerio Grecia, Tracia y los Balcanes, Maximiano Italia, Recia, Nórico,África e Hispania y a Constancio Cloro la Galia y Britania.





El sistema de provincias lo remodeló por completo. Creó un total de doce diócesis (a tres por cabeza) y estas a su vez las dividió en provincias cuyo número era muy superior a como estaban divididas antes. En cada diócesis había un vicario que respondía ante el Augusto o César en cuestión.

Lo bueno de este sistema es que permitía una mayor gobernabilidad del imperio ya que se podía dar una respuesta rápida a cualquier amenaza interna o externa, pero todo se basaba en el prestigio de Diocleciano, ya que cuando abdicó (Maximiano también abdicó pero forzado) el sistema no perduró demasiado. Constantino I reunificaría el Imperio y se volvería a lo mismo del siglo III d.C. pero Diocleciano dio unos años más al Imperio en Occidente, además en el siglo siguiente se vería un ascenso del cristianismo y a los primeros emperadores cristianos con el cual la lucha religiosa entraría en el Imperio.

Flavius Aecius Magister Militum.

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